Una cooperativa de viviendas es una asociación de personas que se unen para promover y construir sus propias viviendas, sin ánimo de lucro. En lugar de comprar a un promotor, los socios asumen el proyecto de forma colectiva y pagan el coste real de la construcción.
Una vivienda promovida por sus futuros habitantes
Los socios aportan de forma progresiva las cantidades necesarias para adquirir el suelo, redactar el proyecto y construir el edificio. Al terminar, cada socio recibe la vivienda que le corresponde.
No hay un promotor que añada su margen de beneficio, aunque sí existen costes técnicos, jurídicos y financieros que se detallan en el presupuesto de la cooperativa.
- Es un proyecto colectivo y sin ánimo de lucro.
- Los socios aportan el dinero de forma progresiva.
- Cada socio recibe su vivienda al terminar la obra.
Quién decide: la asamblea de socios
La máxima autoridad de la cooperativa es la asamblea general, en la que todos los socios participan y votan. Lo habitual es que la asamblea elija un consejo rector que represente y administre la cooperativa en el día a día.
En una cooperativa, cada socio es a la vez futuro vecino y parte de quien decide.
Los estatutos recogen cómo se toman las decisiones y qué derechos y obligaciones tiene cada socio.
El papel de la gestora
Gestionar una cooperativa exige conocimientos técnicos, jurídicos y financieros. Por eso es habitual que la cooperativa contrate una gestora que se ocupe de:
- Buscar y analizar el suelo.
- Coordinar a arquitectos, constructora y administraciones.
- Llevar la contabilidad e informar a los socios.
- Organizar las asambleas y preparar la documentación.
Después de las llaves
La entrega de las viviendas no es el final del camino. Habitualmente la cooperativa cierra sus cuentas y los vecinos pasan a organizarse como comunidad de propietarios. Una buena gestora acompaña también esta etapa.
